lunes, diciembre 14, 2009



Chilenismos


1. – ¿Cuándo “chucha” va a parar esta lluvia? (Noé, año 4314 AC)


2. – ¿Cómo “chucha” se te ocurrió eso? (Su mamá a Pitágoras, año 126 AC)


3. – ¡”Chucha”, qué calor! (Juana de Arco, año 1431)


4. – ¿Cuándo “chucha” vamos a llegar? (Cristóbal Colón, año 1492)


5. – ¿Cómo “chucha” quieren que pinte el techo? (Miguel Ángel, año 1566)


6. – ¿Qué “chucha” tomaste Julieta? (Romeo, año 1595)


7. – ¿De dónde “chucha” salieron todos estos indios? (General Custer, año 1877)


8. - ¿Por dónde "chucha" entra tanta agua? (Capt. Smith TITANIC, año 1912)


9. – ¿Cómo “chucha” no van a entender esto? (Einstein, año 1938)


10. – Y ahora... ¿Por quién "chucha" votamos? (millones de chilenos, diciembre 2009)


sábado, diciembre 12, 2009


Justicia Climática en Copenhague


“Las negociaciones de la ONU no van a resolver la crisis climática”


La red internacional Climate Justice Action (CJA) (1) preparó las acciones masivas durante las negociaciones internacionales climáticas en Copenhague en diciembre de 2009.

Después de 14 años de negociaciones inefectivas, activistas de movimientos sociales de todas partes del globo están llevando la lucha por la Justicia Climática a las calles. Una serie de eventos están siendo planificados, desde una acción masiva para cerrar el puerto de Copenhague hasta una acción que pretende por un día introducir al espacio elitista de la Cumbre una agenda desde el pueblo por la Justicia Climática. “Las negociaciones de la ONU no van a resolver la crisis climática. No estamos más cerca de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que cuando las negociaciones empezaron hace quince años: las emisiones continúan en aumento a pasos más acelerados, mientras que el comercio de carbono permite que los criminales del clima sigan contaminando y lucrando”, dijo Tadzio Mueller, un portavoz de prensa de CJA.

En respuesta a lo que CJA percibe como un circo político que juega por los intereses de las corporaciones, Stine Gry, también parte de la red, opina que “no podemos confiarle nuestro futuro al mercado, ni poner nuestra fe en tecnologías inseguras, insostenibles y que no han sido comprobadas. En lugar de intentar pintar un sistema destructivo de verde, necesitamos tomar acciones masivas por una Justicia Climática”.

El 13 de diciembre Climate Justice Action realizará una acción directa contra las causas reales del cambio climático, interrumpiendo los flujos tóxicos guiados por los combustibles fósiles del capitalismo global y por la sobre-producción para el sobre-consumo, cerrando el puerto de Copenhague.

El 16 de diciembre, CJA pondrá la Justicia Climática y las voces de los pueblos marginados a lo largo del Norte y del Sur en la cabeza de la agenda. Guiados por activistas del Sur Global, desafiaremos las élites corporativas y gubernamentales en las negociaciones climáticas de la ONU, superando las barreras policiales con desobediencia civil para llevar a cabo la Asamblea del Pueblo por la Justicia Climática.

En contra de las ‘soluciones falsas’ adoptadas por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, CJA hace un llamado a:

- dejar los combustibles fósiles en la tierra
- reafirmar el control del pueblo y comunidades sobre sus recursos
- re-localizar la producción de alimentos
- reducir masivamente el sobre consumo, especialmente en el Norte
- reconocer la deuda ecológica y climática hacia los pueblos del Sur y realizar reparaciones
- respetar los derechos de los pueblos indígenas y de los bosques

Stine Gry nuevamente afirma: “Soluciones reales a la crisis climática están siendo desarrolladas por mujeres y hombres del Sur y del Norte, quienes luchan cada día para defender su medio ambiente y condiciones de vida. Necesitamos globalizar estas soluciones y trabajar por una justa transición hacia un futuro post-combustibles fósiles”.


(1)Climate Justice Action es una red que comprende una gran diversidad de grupos de ambos, el Sur Global y el Norte Global. Entre ellos Terra de Direitos (Brazil) y Focus on the Global South, international Climate Camps, Rising Tide e Indian Social Action Forum. La lista completa de grupos puede ser encontrada en la página web. Contacto:

Teléfono danés: +45 41294994 (Stine Gry)

Teléfono internacional: +49-176-77414303 (Tadzio Mueller)

Página web: www.climate-justice-action.org

Viñeta: Douglas Nelson Pérez "Chispa"

miércoles, diciembre 09, 2009



La arqueología de las emociones


por Eduard Punset


No me pregunten por qué, pero tengo ganas de reflexionar sobre la arqueología de las emociones básicas y universales. En México, donde estuve hace poco en la fantástica Ciudad de las Ideas, viven los indígenas mazahuas; esta palabra –mazahua– significa en la lengua nahua “gente del venado”. Ya estaban aquí cuando llegaron los conquistadores españoles, pero no son los más antiguos; al contrario, son más recientes y evolucionados que, pongamos por caso, los rarámuris.

Me gustaría tener tiempo para hablar con ellos y, mediante encuestas bien meditadas, ahondar algo en la arqueología de las emociones básicas y universales: la empatía, es decir, la capacidad para sentir el dolor ajeno, la rabia y el miedo, la felicidad, la sorpresa o el desprecio. Acabo de conversar en Puebla, México, con uno de los primatólogos más ilustrados del planeta, Frans de Waal, el primero en profundizar en la arqueología de las emociones en el resto de los animales; me refiero, concretamente, a los mamíferos no humanos, como los elefantes.

El estudio de las emociones en los humanos estuvo siempre mal visto hasta que, gracias a las nuevas tecnologías de resonancia magnética, pudimos empezar a medirlas: ¿cuánto disminuía el volumen de nuestro hipocampo en el cerebro, y por tanto de la memoria, a raíz de un estrés exagerado? ¿En qué medida afectaba al feto el estrés materno, una vez que se pudo comprobar que la hormona del estrés atravesaba la placenta? Nadie en la Tierra había enseñado a otros cómo gestionar sus emociones. Si las tenías, se debían controlar o ser destruidas. De ninguna manera aprender a gestionarlas.

Hasta ayer se estimaba que –contra todas las apariencias en las distintas especies de mamíferos– el resto de los animales no desarrollaba la empatía necesaria para ponerse en el lugar del otro. El gran mérito de Frans de Waal ha sido demostrar, más allá de cualquier duda, que la mayoría de los mamíferos eran tan capaces de sentir empatía como nosotros mismos; y, desde luego, mucho más que los psicópatas, que no pueden sentir el dolor ajeno. Hay escenas conmovedoras de elefantes adultos intentando salvar a uno mucho más joven de las aguas turbulentas y el lodo asfixiante de un río en el que apacentaban.

Ahora es innegable que los mamíferos no humanos son también sentimentales y que, por lo tanto, tendremos que dejar de hacerles daño innecesariamente tarde o temprano. Ahora no tenemos más remedio que aceptar que, con la excepción de determinados psicópatas, los homínidos que nos precedieron fueron capaces de situarse en el lugar del otro tanto como los de ahora, de empatizar con los demás si éstos sufrían.

Lo que no sabemos es si siempre fue así ni si hay diferencias acusadas en la expresión de aquellas emociones básicas y universales entre nosotros y los pueblos primitivos. Sería interesantísimo estudiar la arqueología de las emociones en los humanos porque tal vez descubriéramos que algunas de estas emociones no eran sentidas en igual grado o bien que su expresión facial era distinta: ¿cuáles eran los rictus en las caras de los mazahuas cuando se enamoraban? En cuanto al potencial para paliar el dolor ajeno, ¿cuándo surge?

A los lectores que me pregunten por qué tengo ganas de conocer la arqueología de las emociones, les diré enseguida que este conocimiento me ayudaría a alimentar la esperanza de que, si en el pasado cambiaron a mejor, en el futuro no van a cambiar a peor. En este caso, sentiremos más intensamente todas las emociones, sabremos expresarlas con mayor ecuanimidad y, sobre todo, habremos aprendido a gestionarlas.


Fuente: Eduard Punset

martes, diciembre 08, 2009



Cuatro frases que hacen crecer la nariz de Pinocho


por Eduardo Galeano


"Somos todos culpables de la ruina del planeta"

La salud del mundo está hecha un asco. ‘Somos todos responsables’, claman las voces de la alarma universal, y la generalización absuelve: si somos todos responsables, nadie lo es.

Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones al ’sacrificio de todos’ en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple.

Estas cataratas de palabras -inundación que amenaza convertirse en una catástrofe ecológica comparable al agujero del ozono- no se desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo.

Pero las estadísticas confiesan. Los datos ocultos bajo el palabrerío revelan que el 20 por ciento de la humanidad comete el 80 por ciento de las agresiones contra la naturaleza, crimen que los asesinos llaman suicidio y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos naturales no renovables.

La señora Harlem Bruntland, quien encabeza el gobierno de Noruega, comprobó recientemente que si los 7 mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados de Occidente, “harían falta 10 planetas como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades”. Una experiencia imposible.

Pero los gobernantes de los países del Sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, mágico pasaporte que nos hará a todos ricos y felices, no sólo deberían ser procesados por estafa. No sólo nos están tomando el pelo, no: además, esos gobernantes están cometiendo el delito de apología del crimen. Porque este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo.

“Es verde lo que se pinta de verde”

Ahora, los gigantes de la industria química hace su publicidad en color verde, y el Banco Mundial lava su imagen repitiendo la palabra ecología en cada página de sus informes y tiñendo de verde sus préstamos. “En las condiciones de nuestros préstamos hay normas ambientales estrictas”, aclara el presidente de la suprema banquería del mundo. Somos todos ecologistas, hasta que alguna medida concreta limita la libertad de contaminación.

Cuando se aprobó en el Parlamento del Uruguay una tímida ley de defensa del medio ambiente, las empresas que echan veneno al aire y pudren las aguas se sacaron súbitamente la recién comprada careta verde y gritaron su verdad en términos que podrían ser resumidos así: “los defensores de la naturaleza son abogados de la pobreza, dedicados a sabotear el desarrollo económico y a espantar la inversión extranjera”.

El Banco Mundial, en cambio, es el principal promotor de la riqueza, el desarrollo y la inversión extranjera. Quizás por reunir tantas virtudes, el Banco manejará, junto a la ONU, el recién creado Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

Este impuesto a la mala conciencia dispondrá de poco dinero, 100 veces menos de lo que habían pedido los ecologistas, para financiar proyectos que no destruyan la naturaleza. Intención irreprochable, conclusión inevitable: si esos proyectos requieren un fondo especial, el Banco Mundial está admitiendo, de hecho, que todos sus demás proyectos hacen un flaco favor al medio ambiente.

El Banco se llama Mundial, como el Fondo Monetario se llama Internacional, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington. Quien paga, manda, y la numerosa tecnocracia jamás escupe el plato donde come. Siendo, como es, el principal acreedor del llamado Tercer Mundo, el Banco Mundial gobierna a nuestros países cautivos que por servicio de deuda pagan a sus acreedores externos 250 mil dólares por minuto, y les impone su política económica en función del dinero que concede o promete.

La divinización del mercado, que compra cada vez menos y paga cada vez peor, permite atiborrar de mágicas chucherías a las grandes ciudades del sur del mundo, drogadas por la religión del consumo, mientras los campos se agotan, se pudren las aguas que los alimentan y una costra seca cubre los desiertos que antes fueron bosques.

“Entre el capital y el trabajo, la ecología es neutral”

Se podrá decir cualquier cosa de Al Capone, pero él era un caballero: el bueno de Al siempre enviaba flores a los velorios de sus víctimas… Las empresas gigantes de la industria química, petrolera y automovilística pagaron buena parte de los gastos de la Eco 92.

La conferencia internacional que en Río de Janeiro se ocupó de la agonía del planeta. Y esa conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, no condenó a las transnacionales que producen contaminación y viven de ella, y ni siquiera pronunció una palabra contra la ilimitada libertad de comercio que hace posible la venta de veneno.

En el gran baile de máscaras del fin de milenio, hasta la industria química se viste de verde. La angustia ecológica perturba el sueño de los mayores laboratorios del mundo, que para ayudar a la naturaleza están inventando nuevos cultivos biotecnológicos.

Pero estos desvelos científicos no se proponen encontrar plantas más resistentes a las plagas sin ayuda química, sino que buscan nuevas plantas capaces de resistir los plaguicidas y herbicidas que esos mismos laboratorios producen. De las 10 empresas productoras de semillas más grandes del mundo, seis fabrican pesticidas (Sandoz, Ciba-Geigy, Dekalb, Pfiezer, Upjohn, Shell, ICI).

La industria química no tiene tendencias masoquistas. La recuperación del planeta o lo que nos quede de él implica la denuncia de la impunidad del dinero y la libertad humana. La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos.

Chico Mendes, obrero del caucho, cayó asesinado a fines del 1988, en la Amazonía brasileña, por creer lo que creía: que la militancia ecológica no puede divorciarse de la lucha social. Chico creía que la floresta amazónica no será salvada mientras no se haga la reforma agraria en Brasil.

Cinco años después del crimen, los obispos brasileños denunciaron que más de 100 trabajadores rurales mueren asesinados cada año en la lucha por la tierra, y calcularon que cuatro millones de campesinos sin trabajo van a las ciudades desde las plantaciones del interior. Adaptando las cifras de cada país, la declaración de los obispos retrata a toda América Latina. Las grandes ciudades latinoamericanas, hinchadas a reventar por la incesante invasión de exiliados del campo, son una catástrofe ecológica: una catástrofe que no se puede entender ni cambiar dentro de los límites de la ecología, sorda ante el clamor social y ciega ante el compromiso político.

“La naturaleza está fuera de nosotros”

En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: “Honrarás a la naturaleza de la que formas parte”. Pero no se le ocurrió. Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado. Y merecía castigo.

Según las crónicas de la Conquista., los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar a la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoniaca o la ignorancia.

Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud.

Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos, y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros.

La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.


Fuente: LibreRed

lunes, diciembre 07, 2009



Pájaros de Arcilla


(Texto: Víctor Sanhueza/Música: Congreso)


La vestimenta ósea de la calle

se llenará de pájaros de arcilla,

¿Quién corre y hacia dónde esta mañana?

¿Quién cambiará el brocal del cielo inmenso?


Metálicas palabras

versos muertos

levantan los andamios

limpian causes

¿Quién corre y hacia dónde esta mañana?

¿Quién cambiará el brocal del cielo inmenso?


Y allá en las altas copas

florecidas

vuelvo a escuchar tu canto

hermano mío


Nota: Texto homenaje a Víctor Jara.

domingo, diciembre 06, 2009



El segundo entierro de Víctor Jara



por
Joan Manuel Serrat


Este sábado entierran a Víctor Jara por segunda vez. Quien amó tanto la vida, treinta y seis años después, vuelve a pasear su muerte.

A quien dice: Dejad en paz a los muertos, les respondo: ¿están los muertos en paz? ¿Estamos en paz con ellos?.

Desde los suburbios de Santiago, desde la falda de su madre, cantora, desde los sueños de su pueblo con los que aliñaba sus canciones, Víctor Jara, como Margot Loyola, Violeta Parra o Héctor Pávez, recopiló y revalorizó los cantos campesinos. Su profunda identificación con el pueblo fue casi mística. Como la Violeta, que le mostró el camino, vivió con ellos, se hizo piel y sangre de ellos para, desde el hombre provinciano, alcanzar lo universal y de forma irrevocable, con profundas convicciones, asumir su condición de artista comprometido.

Así fue hasta que acallaron brutalmente su voz el 16 de septiembre de 1973 y algo quedó truncado para siempre.

Este sábado vuelven a enterrar a Víctor Jara.

A diferencia de la primera vez en la que Joan Turner, su mujer, depositó sin responsos, a escondidas, sus maltratados restos en un nicho del Cementerio General de Santiago apenas acompañada por un amigo y el funcionario que reconoció el cadáver en la morgue, serán miles los que estarán a su lado. Ahí se han de juntar los viejos compañeros de lucha, supervivientes de la dictadura y del exilio con muchachas y muchachos que han crecido llevando sus canciones en la boca. Habrá hijos de reprimidos pero también de represores. Llegarán obreros de las poblaciones y campesinos de los valles a unirse a los mineros que, oliendo a cobre, bajarán desde Calama. Mujeres y hombres de toda condición irán de la mano recordando a Amanda.

Esta vez Joan Turner no caminará sola. A su lado marchará una multitud que, nadie lo olvide, treinta y seis años después del crimen, sigue clamando justicia.

Fuente: El País

sábado, diciembre 05, 2009




Homenaje


Luis Le-Bert


Me levanté temprano
sin conocer la aurora
te acuerdas de ese día
de mentiras

Tu vida era tu vida
la mía, otra historia
y el mundo era testigo
de los días

Sólo quiero cantar en presente
y poderte decir
pero muda quedó la palabra
y no quiero mentir

Me quieres desde lejos
te abrazo cuando vienes
mi canto era distinto
antes de ti

Hubiésemos vivido
la historia de las gentes
y nos habrías visto
sonreír

Sólo quiero saber quiénes miran
hacia donde miro yo
quiénes son los que enredadas las manos
se acuerdan del cantor

No vacilaremos
en tenderle una canción
un millón de voces
le dirán que no fue en vano
que nos diera de su boca
el pan del aire y una flor
Víctor, gran ausente
desde siempre te cantamos

La ciudad no es la misma
no es la que quisimos compartir
no tenemos las manos
no hay a quién mirar
tus ojos se apagaron
a quién voy a cantar

Dónde se han ido
los días de amistad
dónde está lo hermoso
que fuimos a sembrar
y maldigo el presente
sin tu nombre
di tú quién esconde
de tus labios el cantar

Préstame tus manos
sumemos soledades
si viene algún amigo
somos tres

Rompamos las distancias
de aquí hasta el mañana
y así podremos cantarle
al amor